lunes, 26 de julio de 2010

Turismo sin sonido

Una decena de personas recorre las cercanías del Museo del Prado. Una chica joven de pelo moreno va al frente. Parecen los típicos turistas en pleno tour. De repente se paran entre el Jardín Botánico y la pinacoteca madrileña. Comienza, en silencio, la explicación propia del lugar. Olga mueve frenéticamente las manos para explicar ambos lugares. Los turistas asienten complacidos a las explicaciones y poco después, juntos, siguen su camino.
Cien metros más allá, a la altura de la iglesia de los Jerónimos, las explicaciones se reemprenden. Esta vez, a viva voz. Son en castellano pero podrían ser en inglés o francés porque son las lenguas que Olga ha aprendido 'con el doble de esfuerzo que una persona normal'. Olga es sorda. Su abuelo se lo susurró a sus padres cuando ella tenía tres años. Al parecer, por culpa de un fármaco que antes se daba a las embarazadas para evitar los abortos.

Lejos de sumirse en la introversión que, según cuentan algunos integrantes de su grupo, es sintomática de algunas personas sordas 'porque les cuesta seguir una conversación con oyentes'; Olga decidió mantener su natural don de gentes. Se graduó en turismo, aprendió idiomas y, cuando el Congreso reconoció la lengua de signos como idioma oficial, cumplió su sueño. Convertirse en la primera guía sorda de España, que no para sordos. 'También hago visitas con personas oyentes lo que pasa es que me adapto mejor a gente como yo', confiesa.

El eje Prado- Recoletos es la zona en la que Olga está especializada. Ella realiza sus visitas o, a título personal (www.turismoparasordos.com) o como representante de la fundación Clave, una organización privada que se dedica a ayudar a las personas con deficiencia auditiva. El turismo es una de las pequeñas actividades que realiza esta asociación que nació en Londres y que desembarcó en España hace dos años. Sus beneficiarios no son sólo las víctimas de la sordera si no también los profesionales que luchan contra ella.

Olga sigue luchando cada día porque la crisis no hace oídos sordos. Un chico del grupo de Olga dice que ella tiene suerte porque es una emprendedora cuya apuesta le salió bien pero que a él le gustaría que no le discriminasen en las entrevistas de trabajo por ser sordo. '¡Si una persona con sordera se concentra mucho más y puede producir el doble que un oyente!', exclama.  Aunque no se alegra, Olga no se queja por ser sorda. 'Todos te dirán que su discapacidad es la mejor pero yo prefiero la sordera porque si no pudiera ver sería mucho peor', concluye.

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