jueves, 7 de diciembre de 2017

Va de cuento: Sordos a distancia




por Rafael Benabid

La mayoría de las personas con problemas de audición y de lenguaje total, han sido discriminadas y apartadas de la sociedad más que a otro grupo de ciudadanos.

La gente evita darles trabajo, ya sea porque no escuchan las órdenes, el sonido del teléfono y muchas cosas más. Esta actitud es común al vivir en un mundo en el que no se les perdona el que sean personas con capacidades diferentes y son apartados de la sociedad al no poder comunicarse con ellas, sin tomar en cuenta que son seres humanos con tantos derechos como el que más.

En general sus familias los ayudan en lo que más pueden. Casi todos los miembros de la casa aprenden el lenguaje de señas. Existen muy pocos centros de aprendizaje para los sordomudos, ya que ninguna escuela pública o privada, tienen un plan de estudios para su aprendizaje, pues ni siquiera están tomados en cuenta dentro de la SEP.

Más ahora tienen la oportunidad de comunicarse con el mundo del exterior, además de poder estar en contacto con quienes también son conocedores del lenguaje de señas y es a través del Internet, el uso de la computadora o del “teléfono inteligente” a través del Skype, con mayor facilidad que la gente común, porque el lenguaje de señas es internacional.

También se puede conseguir un trabajo en cualquier empresa en la que lo que se necesite una labor que no sea sonora sino escrita, estudiar lo que se desee “en línea” por donde le enviarán los temas que se tenga que aprender y las preguntas que deberá de contestar vía Internet.

Lo único que se debe tener presente, es la responsabilidad de la persona, es realmente a estudiar y enviar las respuestas aprendidas. De esa forma no tendrá que presentarse personalmente a la escuela a distancia. A menos que haya un traductor de lenguaje de señas.

De la misma forma, cuando se haya recibido en la carrera escogida, encontrará trabajo en un despacho de contaduría, en un hospital donde haya que traducir algunas indicaciones al paciente con ausencia de audición y/o de lenguaje. En estos casos hay que estar bien preparados para traducir las indicaciones del médico y los medicamentos que se deben tomar con toda puntualidad en la traducción.

El escoger el estudio de uno o varios idiomas le da la ventaja de comunicarse a través del internet con personas de todo el mundo, hacer traducciones en varios idiomas, directamente con el paciente y con el médico, por el celular, por la laptop o por una computadora, que puede ser a nivel local, nacional o internacional, todo esto a través de skype.

Se ha demostrado que la labor de un traductor para los trabajos sencillos, son tan simples como las traducciones de asuntos específicos y/o especializados, pues con un diccionario o una computadora se podrá traducir ese texto. Si el traductor de idiomas tiene un buen trabajo y una buena paga, con mayor razón uno especializado en el lenguaje de señas.

  Los sordos son los “discapacitados invisibles”. Esta incomunicación los aísla y orilla a convivir con otros sordos, lo cual genera entre ellos, una cultura apartada del resto, con su propio idioma y sus singulares códigos. Esto es lo que los vuelve invisibles.

Al ser una discapacidad que no se ve, recibe muy poca atención de la sociedad y también del irresponsable gobierno. En México sólo hay 40 intérpretes certificados de Lengua de Señas y la educación para ellos no es obligatoria.

Cuando una persona invidente anda por la calle con su bastón blanco, sus lentes oscuros, su perro lazarillo o con los ojos diferentes, delatan su discapacidad; quienes cruzan por su camino se hacen a un lado para dejarlos pasar, les ayudan a atravesar la calle, le ceden el asiento, etcétera, mientras las personas sordas y/o mudas no tienen un síntoma visual de su discapacidad, por lo que nadie lo advierte hasta que la ve gesticular o lee la cartulina que trae en el pecho, en caso de pertenecer a algún grupo de ayuda. Y aún así, nadie se puede comunicar con ellos porque muy poca gente domina la lengua de las señas. Esto los inserta en el grupo de los incapacitados, tanto en atención y trato, como en recursos para su educación, que es donde se encuentra el verdadero problema.

En un lugar como la Ciudad de México que se comunica con ruidos como el timbre o el sonar de una puerta, la campana del camión de la basura, el grito y el claxon de un camión repartidor de gas, el que llegar a apuntar la cantidad que se usó en el medidor del agua, el que entrega el pan o la leche, las sirenas de las ambulancias, las patrullas policiacas, los claxon o el silbato del agente de tránsito.

Los sordos pueden hacer muchas cosas que hacen los oyentes, como conducir un automóvil aunque no escuchen el silbato del agente de tránsito o el claxon de otro auto, pues con poner atención lo logran hacer sin mucha dificultad. También aprenden a leer los labios de la persona quien le hable y esté de frente. Lo más importante de todo es la educación.

Según el INEGI, existen en nuestro País más de 700 mil personas en estas condiciones, que es la falta de escuelas para este grupo de ciudadanos lo que llega a ser un panorama de lo más desolador. En toda la República, hay sólo cuarenta interpretes certificados en Lengua de Señal Mexicana (LSM) once de ellos están ubicados en la Ciudad de México, sigue explicando el INEGI y los no certificados son menos de cien, sin contar con los familiares de la persona sorda.

La mayoría de mexicanos que conoce este lenguaje, como ya lo dijimos, son familiares porque la capacitación para maestros es mínima al no haber centros de entrenamiento para ellos y además de no ser obligatoria por parte de la SEP, sin llegar a ser parte del presupuesto, el cual en el resto de los proyectos sociales van en picada, no así los gastos superfluos de la alta burocracia.

La certificación es más que un diploma o un simple pedazo de cartón, pues los interpretes “piratas” pueden llegar a cometer errores en el plano médico o legal, que afecte a un tercero. El sordo no puede escuchar un concierto, ni siquiera apreciar una audición de canto.


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